Vivo para el pesar más antiguo, el insomnio, me gusta esta penetrante cortante y callada noche, dónde el todo desnuda el alma y te deja con las cicatrices que aún lames.

Me gusta cerciorarme de que aún soy yo, aún me guío por la incesante lumbre de aquello que arde en mi, es donde regreso a un yo absoluto donde recuerdo que todo esto es mortal.

Es adictiva y callada, no juzga y es educada.


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